De comprar un producto a vivir una experiencia

De comprar un producto a vivir una experiencia

Una década atrás comprar una mesa o un sofá consistía en tomar las medidas del lugar donde iba a ser ubicada e imaginar durante largas horas o días cómo quedaría. Con todo lo que tiene de lindo imaginar, y también con el riesgo de ya con el sofá en casa no se cumplieran nuestras expectativas.

Hasta ese entonces lo que estábamos haciendo era comprar un producto, cuyo adicional de servicio podía ser el asesoramiento de un vendedor y la posterior entrega.

El año pasado, la marca sueca IKEA, transformó ese “imaginar” en una experiencia que además es divertida ¿Cómo? Valiéndose de la realidad aumentada en los dispositivos móviles. Esta nos permite visualizar (con nuestra imagen incluida) cómo quedará el sofá, la mesa o lo que fuese que deseemos comprar. Lo maravilloso de este recurso que nos da la tecnología y la creatividad humana es que además podemos cambiar los colores, ubicación y hasta recibir sugerencias si las necesitamos.  Calcula las medidas y nos muestra cómo se verá el mueble y nosotros en él.

De esta manera con un formato lúdico y cuasi cinematográfico nos convertimos en protagonistas de nuestra propia adquisición, nos proyectamos, nos divertimos y evitamos cometer los errores clásicos que suelen ocurrir con este tipo de adquisición. Pero lo más importante: lo que estamos haciendo es mucho más que comprar un producto, estamos comprando una experiencia ¿Por qué afirmamos esto? Porque se incluye al cliente de manera activa y proactiva en el proceso de compra y esto lo transforma en una experiencia.

¿Se puede replicar este modelo aún sin realidad aumentada en otros segmentos?

Claro que sí, es posible, definitivamente, con un diseño a la medida que incluya al cliente y genere una interacción dinámica con él. Esto es lo que se viene, casi todos podemos vender productos, el desafío es aprender a vender experiencias.